Jesús, en el sermón de la última cena, dice algunas cosas muy importantes a sus apóstoles para que podamos entender nuestra relación con Él. Así como Él vive por el Padre, nosotros debemos vivir por Cristo, porque vivimos de Cristo como Cristo vive del Padre. Siendo fieles a sus mandatos y preferiendo hacer su voluntad a la nuestra, permitimos que Cristo viva y crezca en nosotros. Meditamos hoy la dulzura y la profundidad de las palabras pronunciadas por Jesús, “Los que vienen a hacer la voluntad del Padre son mi madre y mis hermanos.” Por obra del mismo Espíritu que hizo que Jesús se hiciera carne en el seno de María Santísima, se engendra Cristo dentro de nosotros, y nos convirtimos en madres de Cristo cuando hacemos la voluntad del Padre.