Me crean o no, a mi modo de ver la vocación...a la vida consagrada, es producida por la cruz de Cristo. Se trata de que "me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20), y de que "el amor todo lo soporta" (1Co 13,7), menos una cosa: que se le pongan límites. Se trata de que por eso Cristo amó hasta la muerte; se trata de que jamás un joven le podrá reprochar que no lo amó lo suficiente. Y eso mueve. Eso llama. Eso quema. Eso atrae. Eso enardece. El llamado no es, entonces, otra cosa que un llamado a compartir radicalmente los dolores de Cristo. No es un llamado a pasarla bien, sino a pasarla mal, como enseña el Espíritu Santo: "Hijo, si te acercares a servir al Señor Dios, prepara tu alma para la prueba" (Si 2,1). Es un llamado a "morir cada día" (1Co 15,31). Es un llamado a "crucificarse con Cristo" (Gal 2,19). Es un llamado a ser "como condenados a muerte". Es un llamado a subir al Calvario.